Lo común es mirar sus glaciares y ventisqueros desde cierta distancia, en la comodidad de alguna embarcación. Incluso, posar los pies en su puerta de entrada norte. Pero lo que hay más allá, en medio de esas moles de hielo milenario,
es propiedad de científicos y aguerridos aventureros. Como sea, la sensación de grandeza es la misma.