Un pueblo de cuento entre los fiordos australes, colmado de la fragancia del ciprés. Un lugar que cuelga del monte, y sin calles. En su lugar, sólo hay pasarelas peatonales de madera. Siguiendo la ruta pegada al río Baker, desde el aeródromo,
sale una pasarela de madera que atraviesa un lindo pajonal. La vista recompensa el viaje.
Es un hermoso poblado que se encuentra desde el kilómetro 26 camino a las termas de Chillán. Se caracteriza por sus particularidades como lo son, su arquitectura campestre tradicional y sus floridos jardines en primavera.Otra de sus singularidades es la artesanía típica.
Donde se puede encontrar artículos de madera, telar, greda, arcilla, yeso y tejidos de lana. La oferta gastronómica se caracteriza por la rica cazuela de pava, pastel de choclo, humitas y las infaltables tortillas al rescoldo. Y para disfrutar de la naturaleza está el conocido balneario “Los Boldos” ubicado en el kilómetro 30, cuenta con las instalaciones básicas para gozar de un rico descanso bajo la sombra de un bosque nativo de verdes boldos a la orilla del río Chillán.